El riesgo de las amistades en las redes sociales

Publicar en las redes sociales de Internet, como facebook, actos privados puede traer problemas. Esto es lo que le ha pasado a la familia Hobday de Brighton, cuya vivienda ha quedado destrozada. Su hija anunció en facebook la fiesta fiesta en su casa con motivo de su cumpleaños, sin tener idea de cuántos responderán a la invitación, de dónde vendrían y si se comportarían con decoro o como energúmenos.

Los padres de Georgina Hobday se imaginaban que podría haber problemas en la fiesta para celebrar el decimosexto cumpleaños de su hija, porque pidieron a cuatro amigos adultos de la familia que se encargasen de la seguridad y se pusieran en la puerta para controlar el número de gente. Pero la situación los desbordó.

Cuando los improvisados gendarmes quisieron ponerse firmes porque la casa ya estaba llena, los invitados les empujaron e incluso escalaron la fachada de la casa para entrar por el balcón y sumarse a una fiesta inspirada en un popular programa de televisión llamado My super sweet sixteen,de la MTV, en el que las chicas celebran por todo lo alto la fiesta de sus dieciséis años (antes, cuando los adolescentes eran menos precoces, solían ser los dieciocho, mientras que en otros países como Argentina y EE. UU. es tradicional la fiesta de los quince).

La propia Georgina, alarmada por el monstruo que había creado al poner el anuncio en Facebook, no tuvo más remedio que llamar a su padre para pedirle ayuda antes de que vándalos a los que ni siquiera conocía destrozaran por completo su hogar. Michael Hobday se puso en contacto con la policía de Brighton, que envió a varias patrullas y a las once de la noche consiguió expulsar a los últimos vándalos.

“Colgar las invitaciones en internet es un peligro – dice uno de los agentes de Brighton que acudió en auxilio de los Hobday-,porque hay un grupo llamado Facebook Army que se dedica a reventar fiestas y destrozar hogares como entretenimiento, e incluso reivindica a posteriori sus acciones en la red”.

Fuente: lavanguardia.es

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Menores y ciberdelitos, una realidad evitable

La evolución de Internet, con nuevas aplicaciones y servicios y un ancho de banda adecuado para los contenidos audiovisuales, ha cambiado el papel de los “navegantes”. Ahora somos protagonistas activos y, como tales, responsables de nuestras acciones y ediciones. Artículo de Jorge Flores, coordinador de PantallasAmigas.

Los ciberdelitos: una nueva realidad

La actualidad cotidiana nos trae sucesos ilícitos que relacionan adolescentes y su actividad online. En muchos casos tienen que ver con el ciberbullying o ciberacoso (amenazas, injurias…) pero hay una abundante y variada casuística: delitos contra la intimidad, estafas, daños por intrusión en sistemas ajenos, distribución de pornografía infantil. Y si es bien cierto que siempre han podido darse conductas ilícitas entre los adolescentes, la forma, disponibilidad, variedad y alcance de las que ahora estamos presenciando poco o nada tienen que ver con realidades anteriores.

Desde su propia habitación pueden cometer un delito grave, incluso sin pretenderlo o sin ser conscientes de ello, en apenas 20 segundos. Por ejemplo, las amenazas que se vertieron en el fotolog del menor supuestamente implicado en el asesinato de la adolescente de Ripollet. Tuve ocasión de acceder a él horas antes de su clausura, como hicieron miles de adolescentes que, soliviantados, cometieron el delito de amenazar, de muerte en muchos casos. Al delito de amenaza le acompañan en este caso dos agravantes: hacerlo por escrito y por un medio que dificulta su identificación. Sacando este mismo comentario en una clase de cuarto de secundaria, pude observar dos cosas:

No les es fácil asimilar que la Ley se aplica en todo lugar y caso, también a los menores, también en la Red. Les cuesta asimilar que las leyes son iguales para los menores y para los mayores (aunque las sanciones se apliquen de diferente manera) y que en Internet (digamos la “vida real virtual”) opera de la misma manera que en la calle (llamemosle “vida real física”).

(…) conciben que el supuesto culpable podía ser objeto de todo tipo de linchamiento, aún sin estar probada su autoría. No se trata ya de una condena paralela, sino que le despojaron, al menos en su espíritu, de todos los derechos como ser humano.

Ignorantes de la Ley… y adolescentes

Muchos adolescentes no saben que chantajear por email, leer sin permiso los mensajes ajenos, ridiculizar con mentiras a través de una página web, usar la identidad de otra persona en el messenger… se corresponden en lo legal, mejor dicho, en lo ilegal, con nombres de delitos como amenaza con condición, interceptación de comunicaciones, difamación y usurpación de estado civil. Que de los delitos cometidos se deriva una responsabilidad penal (en función de tramos de edad) y una responsabilidad civil en forma, por lo general, de sanción económica por los daños y perjuicios ocasionados.

Adultos con limitaciones importantes

Desconocemos respecto a los adolescentes y sus implicaciones legales en Internet, dos realidades importantes:

* La gran diversidad de delitos que en Internet se pueden llegar a cometer de la manera más simple y su gravedad. Otro ejemplo: robo la contraseña de Messenger de alguien, me hago pasar por él, me entero de cosas privadas y las hago públicas. Tres en uno: interceptación de comunicaciones, usurpación de estado civil y revelación de secretos.
* Las muy diferentes formas en que la misma acción ilegal puede cobrar forma. Tanto es así que, incluso en el improbable caso de conocer las palabras y términos implicados, nos resultaría difícil visualizarlo y mucho más verbalizarlo. Si a esto le unimos el complejo “mundo legal” (ruego en este punto se me disculpen las incorrecciones al respecto, prueba evidente del encabezamiento del párrafo)… ¿estamos preparados para orientar a los menores en esta faceta de su “vida real virtual”?.

Contexto susceptible a los conflictos

Por si fuera poco, esta situación, además, tiende a agravarse por cuanto la Red sigue proporcionando un sustrato adecuado para quienes, de forma consciente o no, realizan conductas impropias:

* sensación de anonimato (“no pueden saber que soy yo”).
* sensación de impunidad (“mucha otra gente lo hace y no parece que les ocurra nada”).
* contenidos de carácter audiovisual cada vez más fáciles y cómodos de crear, transmitir y publicar (ya se pueden subir desde el móvil sin pasar siquiera por el ordenador).
* redes sociales crecientes en número, variedad y adeptos, con abundancia de datos y material gráfico, inviables para cualquier intento de supervisión estricta de las actividades de sus usuarios online.
* herramientas o utilidades de “hacking” cada vez más sofisticadas y al alcance de un mayor número de internautas.
* nuevas formas de delito que se expanden con suma celeridad y mutan incluso antes de que se hayan podido tomar medidas contra las mismas.
* renovadas posibilidades de la Web 2.0, que hacen del internauta un protagonista cada vez más activo e influyente en la creación de contenidos de todo tipo.

La información como necesidad imperiosa

¿Qué se puede hacer? Sí, lo de siempre, educar… empezando en casa con “lo de los límites” y todo eso. Promover valores… bien también… ¿y si empezamos por algo de verdad mucho más sencillo? ¿Por qué no aprendemos los adultos un poquito de eso que les y nos afecta y, de paso, se lo contamos a ellos?.

Concluyo con dos cuestiones:

* Me consta que los adolescentes no saben “de estas cosas”, porque entre otras razones nadie les ha enseñado ni les ha facilitado su acercamiento al asunto, arduo de por sí.
* Creo que si supieran qué es ilegal y qué consecuencias tiene, muchos dejarían de hacer cosas que están haciendo ahora siendo o no conscientes de su ilegalidad.

La apuesta es clara. Aunque a todos nos gustaría una ciudad con los coches bien aparcados por aquello del respeto a los demás (la “ética y la cívica”, que fue una asignatura de algunos en el cole en una determinada época) quizás tengamos que optar de momento por una ciudad con los coches mejor aparcados por unos conductores temerosos de las multas y las sanciones, e informados en consecuencia de en qué lugares está permitido aparcar. No podemos quejarnos de los vehículos mal estacionados si no colocamos de manera visible las señales y damos a conocer las consecuencias de su incumplimiento, esto es, si no facilitamos a los conductores la información que van a tomar en cuenta a la hora de decidir cómo aparcar: dónde se puede y qué pasa si no se hace bien.

Fuente: inteco.es

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El 25% de los jóvenes se considera adicto a la red

Según un estudio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), el 25% de los jóvenes cree que tiene problemas de adicción a la red, aunque sus padres no perciben esa dependencia. El informe Uso de internet entre los jóvenes, muestra que existe “un desajuste” según el género: los progenitores piensan que este tipo de conductas son menos frecuentes en las hijas.

La última investigación de la consultora internacional You Gov no desvela lo mismo. Las mujeres son las más adictas, ya que un 69% no imagina su vida sin internet, frente al 66% de los hombres, según se desprende de una encuesta a 1.000 internautas españoles. La relación con la red de los entrevistados por You Gov es tan estrecha que siete de cada 10 la consideran “imprescindible”, más que ver la televisión (65%) o hablar por el teléfono móvil (61%).

“La gente está teniendo una vida online”, afirmó recientemente a Europa Press la psicóloga de la Universidad de Los Ángeles (EE UU) Patricia Greenfield, refiriéndose al uso del ciberespacio. “Las redes sociales se han convertido en una herramienta más del desarrollo personal. Todas estas cosas [seleccionar amigos, colgar fotos y dar información personal] son las que hacen los adolescentes durante todo el día”, concluyó la especialista estadounidense.

La mayoría de usuarios se inicia en las redes sociales para mantener el contacto con sus amistades y afianzar su pertenencia a un grupo, apuntan los expertos. “He encontrado a personas de las que hacía mucho tiempo no sabía nada”, explica Tomás, usuario de Facebook. Estos internautas buscan también distracción y entretenimiento. “Lo que más me gusta es ver qué escriben los demás y cuál es su estado de ánimo”, dice. Las principales actividades son colgar fotos, mandar mensajes privados, comentar imágenes de amigos, actualizar el perfil, mandar mensajes públicos y curiosear, enumera la agencia de medios Zed digital.

Fuente: adn.es

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