La bomba de relojería del sexting (o una historia australiana de videoterror)

Los expertos opinan que la moda del sexting tan sólo está en sus comienzos. El daño potencial de unas imágenes sexuales grabadas con el móvil puede ser permanente e incluso afectar al futuro laboral de los menores implicados, puesto que hoy día es lo más común que una empresa busque por Internet información acerca de un candidato antes de contratarlo.

El caso de una joven de 16 años acontecido en Melbourne, Australia, el pasado año ilustra dramáticamente estos peligros: la chica se despertó en una cama desconocida tras una borrachera, desnuda y con un mensaje escrito con rotulador sobre su abdomen: “Próximamente en Youtube”. Desde entonces la chica vive aterrorizada sobre las fotos o vídeos que puedan aparecer en Internet.

Fuente: Herald Sun

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El 10% de los menores de 11 años sufre el robo de su correo y messenger

El 10,86% de los alumnos de 6º de primaria ha sufrido alguna vez el robo de la clave del correo electrónico o del messenger. Lo revela un estudio realizado para el proyecto Dédalo llevado a cabo por AETICAL (Federación de Empresas de Tecnologías de la Información, Comunicaciones y Electrónica de Castilla y León) entre 2.000 alumnos de entre 11y 12 años.

El estudio precisa que a este porcentaje habría que añadir el de aquellos que no son conscientes de que su contraseña ha sido sustraída por otra persona. Estos robos se pueden realizar de una manera bastante sencilla gracias a software malicioso como virus, spyware, troyanos o gusanos…

El inicio de una situación peligrosa

Cuando a una persona le roban su clave de acceso (lo cual es algo ilegal de por sí) su información privada puede ser vista: conversaciones, relación de contactos, información sensible… y además quien la usurpó puede usarla y hacerse pasar por ella, con lo que el abanico de problemas se amplía.

Según manifiesta Jorge Flores, experto de PantallasAmigas consultado para la confección del estudio: “se trata de una cuestión de máxima importancia puesto que es una estrategia muy común utilizada tanto en los casos de grooming como en los de ciberbullying. El acosador accede a datos privados del Messenger y cuenta con la lista completa de contactos de la víctima con lo que puede iniciar un chantaje que derive en graves daños”.

Frente a este riesgo, PantallasAmigas realiza unas recomendaciones básicas:

1) Proteger la seguridad del equipo porque con ella aumenta la de quien lo utiliza. Ahora el malware no alerta con su presencia sino que permanece oculto y hay que combatir al enemigo invisible.
2) Proteger las claves, no compartiéndolas y cambiándolas de forma periódica.
3) No almacenar información o imágenes demasiado comprometidas en determinados servicios online creyendo que las opciones de privacidad restringen el acceso a las personas que uno decide de forma voluntaria.
En todo caso, si esto ocurriera, no se ha de ceder nunca al chantaje. Hay que buscar siempre, y cuanto antes, la ayuda de una persona adulta.

El uso del Messenger

Según el citado estudio, elaborado por Tolten GDP, empresa asociada a AETICAL, más del 95% usa el Messenger (el programa de mensajería instantánea más popular) aunque el 55% manifiesta usarlo a diario (15%) o varias veces por semana (40%). La práctica totalidad de los padres conocen que sus hijos usan esta herramienta aunque únicamente el 44% sabe cuál es la clave de acceso de sus hijos.

Fuente: ticpymes.es

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El riesgo de la pornografía infantil en Internet y sus consecuencias penales

En los siguientes párrafos, el abogado Carlos Sánchez Almeida repasa las consecuencias penales a las que puede enfrentarse cualquier navegante de Internet que acceda a material de pornografía infantil en la red, aunque sea por accidente, sobre todo en redes p2p.

“La Ley Orgánica 15/2003, que fija el texto del artículo 189, apartados 1 y 2, actualmente en vigor establece:

1. Será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años:

a.
El que utilizare a menores de edad o a incapaces con fines o en espectáculos exhibicionistas o pornográficos, tanto públicos como prifvados, o para elaborar cualquier clase de material pornográfico, cualquiera que sea su soporte, o financiare cualquiera de estas actividades.

b.
El que produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare la producción, venta, difusión o exhibición por cualquier medio de material pornográfico en cuya elaboración hayan sido utilizados menores de edad o incapaces, o lo poseyere para estos fines, aunque el material tuviere su origen en el extranjero o fuere desconocido.

2.
El que para su propio uso posea material pornográfico en cuya elaboración se hubieran utilizado menores de edad o incapaces, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión o con multa de seis meses a dos años.

En los siguientes apartados del artículo 189 se establecen penas de hasta ocho años de prisión por conductas agravadas, en función de la edad de las víctimas, carácter vejatorio o violento de los abusos, pertenencia a organizaciones delictivas, parentesco, etcétera. Cabe destacar asimismo la especial prevención del apartado 7, donde se tipifica como delito la utilización de la voz o la imagen de los menores en la elaboración de pornografía, aún sin utilizar directamente al propio menor.
El peligro de compartir archivos desconocidos en redes P2P

Al tipificarse como delito la simple tenencia de material pornográfico en el que intervengan menores, se ha disparado el número de intervenciones policiales, no siendo extraño encontrar noticias sobre redadas masivas de internautas que comparten pornografía infantil mediante redes P2P. La Guardia Civil dispone de un programa de búsqueda de imágenes de contenido pedófilo que circulan por la red, mediante el cual se han podido fundamentar numerosas pesquisas.

De la lectura de las diferentes (PDF) sentencias(PDF) judiciales sobre la materia, se desprende una necesaria reflexión sobre los peligros de un uso indiscriminado de las herramientas P2P. Los internautas deben extremar las cautelas sobre el material que comparten, asegurándose de que en ningún caso puedan estar favoreciendo el tráfico de imágenes o vídeos ilegales.

Exceso de rigor penal

Una reciente sentencia del Tribunal Supremo, de 30 de enero de 2009, estimó parcialmente el recurso de casación de un internauta que había sido condenado a cuatro años de prisión por la Audiencia de Barcelona, por compartir seis imágenes de pornografía infantil. El Tribunal Supremo rebajó la sentencia a multa, por entender que la actual redacción del Código Penal “no puede llevarnos a una interpretación tan abierta que sancione penalmente con penas de prisión que arrancan en cuatro años y se prolongan hasta los ocho años, conductas de internautas que lo único que hacen es navegar por la red, y todo lo más guardar tales imágenes en el sistema (‘incoming’) que se crea automáticamente por diferentes programas informáticos al uso.”

Obsérvese el rigor de la vigente ley penal: la policía judicial, según la sentencia, ponía el tope “accidental” que un internauta se puede descargar por error en cinco imágenes. En el caso comentado, seis imágenes bastaron para que la Audiencia de Barcelona condenase a cuatro años de prisión. Es razón más que suficiente para extremar las precauciones sobre los ficheros que descargamos de Internet, que las redes de pederastas pueden camuflar bajo nombres aparentemente inofensivos.

Si a pesar de adoptar precauciones, apareciese en nuestra carpeta de ficheros compartidos un vídeo manifiestamente ilegal, debe ponerse dicho extremo en conocimiento de la autoridad policial a la mayor brevedad posible.

Así es como venimos al mundo, y como nos vamos de él: solos y desnudos. Si buscamos “bebé” en Internet, aparecen millones de imágenes de niños desnudos, con absoluta naturalidad. Ello es así porque la publicación de imágenes de bebés, despojadas de toda connotación sexual, no es materia de Derecho penal.

El artículo 4.3. de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor dispone que “se considera intromisión ilegítima en el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen del menor, cualquier utilización de su imagen o su nombre en los medios de comunicación que pueda implicar menoscabo de su honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales.”

A la luz de la indicada disposición legal, resulta evidente que antes de publicar las imágenes de un menor desnudo en Flickr, Tuenti, Facebook, o cualquier otro sitio de Internet, debe calibrarse bien, y de forma absolutamente objetiva, si dicha publicación puede resultarle perjudicial. Y si los padres no son objetivos, téngase en cuenta que la Instrucción 2/2006 de la Fiscalía General del Estado, establece que el Ministerio Fiscal, ponderando las circunstancias concurrentes, deberá intervenir siempre que los intereses del menor puedan resultar perjudicados.

En lo que se refiere a las fotos de uno mismo, llegada la mayoría de edad se puede disponer libremente, siempre que no ofendan la ley o la estética. Aunque en lo que se refiere a fotos de desnudos, toda precaución es poca, y más en estos tiempos de exhibicionismo impúdico: una vez colgada una imagen en Internet, perdemos el control sobre la misma, especialmente en las redes sociales multitudinarias”.

Fuente: elmundo.es

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