Internet hace que el riesgo del abuso sexual a menores sea parejo en el primer y tercer mundo

Uno de cada diez niños en los países ricos sufre algún tipo de maltrato físico o emocional. Más del 60% de los niños en América Latina podrían sufrir algún tipo de maltrato. Un estudio de la revista médica The Lancet sobre el maltrato infantil descubre que hasta el 16% de los niños en estos países son maltratados físicamente y el 10% son descuidados o abusados psicológicamente.

“En América Latina es más probable que un niño sea maltratado a que no lo sea” según la doctora Isabel Cuadros, miembro del Consejo Ejecutivo de la Sociedad Internacional para la Prevención del Abuso y Negligencia contra los Niños (ISPCAN) y asesora de la organización Save the Children UK.

Además, hasta 30% de las niñas y 15% de los niños son expuestos a algún tipo de abuso sexual, dice la investigación llevada a cabo en el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Canadá.
Pero tal como dice Isabel Cuadros, “la pobreza no es un factor de riesgo del abuso sexual y el emocional”.

“E incluso cuando hay mejores condiciones de vida los niños tienen más riesgos de abuso sexual, por ejemplo con el internet, donde pueden ser víctimas vulnerables de pedófilos”.

Los estudios de The Lancet identifican varios factores que pueden aplicarse tanto a los países ricos, como a los de medianos y bajos de ingresos.Por ejemplo, el hecho de que en 80% de los casos de niños maltratados los perpetradores son los padres.

“Quizás la diferencia es que en América Latina el abusador más frecuente es el padre, mientras que en el mundo anglosajón suele ser la madre”.

En Colombia, dice Isabel Cuadros, el informe de los casos forenses indica que el 40% del abuso físico grave lo hace el padre biológico y un 14% lo hace el padrastro.

Más cooperación

Los expertos afirman que debe haber una cooperación mucho más cercana entre médicos, escuelas y especialistas en protección infantil para ayudar a combatir esta problemática.

Pocos países en el mundo han logrado disminuir el problema de abuso infantil. Hasta ahora, a pesar de que muchos países han firmado la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, muy pocos se han tomado en serio este marco legal.

“En muchos de nuestros países latinoamericanos no hay recursos ni políticas públicas integrales que protejan en serio al niño”, dice la psiquiatra.

“Y tenemos que hacer más esfuerzos para tratar a las personas que han sido víctimas para que no reproduzcan esa violencia contra la siguiente generación”, concluye la experta.

Fuente: news.bbc.co.uk

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Los riesgos aumentan y con ellos las tareas de los padres

Los riesgos de Internet crecen día a día debido a la mayor cantidad de conexiones a Internet que se multiplican a gran velocidad. Tan sólo un estudio realizado por la RCPI en Perú demostró que el 44 por ciento de los menores que accede a Internet se ha sentido acosado en alguna ocasión, al menos un 30 por ciento ha entregado su número de teléfono a un extraño a través de la red y el 16 por ciento reconoce que ha dado la dirección de su casa. Y eso no es todo, el 14,5 por ciento de los pequeños reconoce que ha concertado citas por medio de Internet con un desconocido.

El Rol de los Padres

Pero no sólo una normativa legal es necesaria para mantener a los niños a salvo. El papel de los padres es fundamental a la hora de prevenir que los menores mantengan contacto con personas extrañas.

Los expertos recomiendan que el ordenador esté en un lugar visible dentro del hogar, para que los padres puedan vigilar qué hacen sus hijos mientras navegan por Internet. Jamás deben permitir que los pequeños “chateen” a puertas cerradas o después de las 22 horas, horario en que aumenta el número de pedófilos conectados a la red. Los padres siempre deben estar al tanto de los “contactos” de sus hijos y con quienes “chatean”.

Otro consejo es evitar que los menores, al momento de crear una cuenta de correo o configurar su nick, den señales de su edad como por ejemplo combinar su nombre con el año de nacimiento.

El rol de los padres a la hora de prevenir es fundamental, pues en la mayoría de los casos los niños que se ven involucrados en grooming no lo comentan con su entorno y, debido a las amenazas, muchos terminan por acceder al envío de material de alto contenido erótico o a concretar encuentros presenciales que conllevan un abuso sexual.

Fuente: nopornoinfantil.blogspot.com

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Menores y ciberdelitos, una realidad evitable

La evolución de Internet, con nuevas aplicaciones y servicios y un ancho de banda adecuado para los contenidos audiovisuales, ha cambiado el papel de los “navegantes”. Ahora somos protagonistas activos y, como tales, responsables de nuestras acciones y ediciones. Artículo de Jorge Flores, coordinador de PantallasAmigas.

Los ciberdelitos: una nueva realidad

La actualidad cotidiana nos trae sucesos ilícitos que relacionan adolescentes y su actividad online. En muchos casos tienen que ver con el ciberbullying o ciberacoso (amenazas, injurias…) pero hay una abundante y variada casuística: delitos contra la intimidad, estafas, daños por intrusión en sistemas ajenos, distribución de pornografía infantil. Y si es bien cierto que siempre han podido darse conductas ilícitas entre los adolescentes, la forma, disponibilidad, variedad y alcance de las que ahora estamos presenciando poco o nada tienen que ver con realidades anteriores.

Desde su propia habitación pueden cometer un delito grave, incluso sin pretenderlo o sin ser conscientes de ello, en apenas 20 segundos. Por ejemplo, las amenazas que se vertieron en el fotolog del menor supuestamente implicado en el asesinato de la adolescente de Ripollet. Tuve ocasión de acceder a él horas antes de su clausura, como hicieron miles de adolescentes que, soliviantados, cometieron el delito de amenazar, de muerte en muchos casos. Al delito de amenaza le acompañan en este caso dos agravantes: hacerlo por escrito y por un medio que dificulta su identificación. Sacando este mismo comentario en una clase de cuarto de secundaria, pude observar dos cosas:

No les es fácil asimilar que la Ley se aplica en todo lugar y caso, también a los menores, también en la Red. Les cuesta asimilar que las leyes son iguales para los menores y para los mayores (aunque las sanciones se apliquen de diferente manera) y que en Internet (digamos la “vida real virtual”) opera de la misma manera que en la calle (llamemosle “vida real física”).

(…) conciben que el supuesto culpable podía ser objeto de todo tipo de linchamiento, aún sin estar probada su autoría. No se trata ya de una condena paralela, sino que le despojaron, al menos en su espíritu, de todos los derechos como ser humano.

Ignorantes de la Ley… y adolescentes

Muchos adolescentes no saben que chantajear por email, leer sin permiso los mensajes ajenos, ridiculizar con mentiras a través de una página web, usar la identidad de otra persona en el messenger… se corresponden en lo legal, mejor dicho, en lo ilegal, con nombres de delitos como amenaza con condición, interceptación de comunicaciones, difamación y usurpación de estado civil. Que de los delitos cometidos se deriva una responsabilidad penal (en función de tramos de edad) y una responsabilidad civil en forma, por lo general, de sanción económica por los daños y perjuicios ocasionados.

Adultos con limitaciones importantes

Desconocemos respecto a los adolescentes y sus implicaciones legales en Internet, dos realidades importantes:

* La gran diversidad de delitos que en Internet se pueden llegar a cometer de la manera más simple y su gravedad. Otro ejemplo: robo la contraseña de Messenger de alguien, me hago pasar por él, me entero de cosas privadas y las hago públicas. Tres en uno: interceptación de comunicaciones, usurpación de estado civil y revelación de secretos.
* Las muy diferentes formas en que la misma acción ilegal puede cobrar forma. Tanto es así que, incluso en el improbable caso de conocer las palabras y términos implicados, nos resultaría difícil visualizarlo y mucho más verbalizarlo. Si a esto le unimos el complejo “mundo legal” (ruego en este punto se me disculpen las incorrecciones al respecto, prueba evidente del encabezamiento del párrafo)… ¿estamos preparados para orientar a los menores en esta faceta de su “vida real virtual”?.

Contexto susceptible a los conflictos

Por si fuera poco, esta situación, además, tiende a agravarse por cuanto la Red sigue proporcionando un sustrato adecuado para quienes, de forma consciente o no, realizan conductas impropias:

* sensación de anonimato (“no pueden saber que soy yo”).
* sensación de impunidad (“mucha otra gente lo hace y no parece que les ocurra nada”).
* contenidos de carácter audiovisual cada vez más fáciles y cómodos de crear, transmitir y publicar (ya se pueden subir desde el móvil sin pasar siquiera por el ordenador).
* redes sociales crecientes en número, variedad y adeptos, con abundancia de datos y material gráfico, inviables para cualquier intento de supervisión estricta de las actividades de sus usuarios online.
* herramientas o utilidades de “hacking” cada vez más sofisticadas y al alcance de un mayor número de internautas.
* nuevas formas de delito que se expanden con suma celeridad y mutan incluso antes de que se hayan podido tomar medidas contra las mismas.
* renovadas posibilidades de la Web 2.0, que hacen del internauta un protagonista cada vez más activo e influyente en la creación de contenidos de todo tipo.

La información como necesidad imperiosa

¿Qué se puede hacer? Sí, lo de siempre, educar… empezando en casa con “lo de los límites” y todo eso. Promover valores… bien también… ¿y si empezamos por algo de verdad mucho más sencillo? ¿Por qué no aprendemos los adultos un poquito de eso que les y nos afecta y, de paso, se lo contamos a ellos?.

Concluyo con dos cuestiones:

* Me consta que los adolescentes no saben “de estas cosas”, porque entre otras razones nadie les ha enseñado ni les ha facilitado su acercamiento al asunto, arduo de por sí.
* Creo que si supieran qué es ilegal y qué consecuencias tiene, muchos dejarían de hacer cosas que están haciendo ahora siendo o no conscientes de su ilegalidad.

La apuesta es clara. Aunque a todos nos gustaría una ciudad con los coches bien aparcados por aquello del respeto a los demás (la “ética y la cívica”, que fue una asignatura de algunos en el cole en una determinada época) quizás tengamos que optar de momento por una ciudad con los coches mejor aparcados por unos conductores temerosos de las multas y las sanciones, e informados en consecuencia de en qué lugares está permitido aparcar. No podemos quejarnos de los vehículos mal estacionados si no colocamos de manera visible las señales y damos a conocer las consecuencias de su incumplimiento, esto es, si no facilitamos a los conductores la información que van a tomar en cuenta a la hora de decidir cómo aparcar: dónde se puede y qué pasa si no se hace bien.

Fuente: inteco.es

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